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lunes, 3 de septiembre de 2018

Un error no es caída

Una vez tuve que reiniciar el Shadows of Mordor.

Shadows of Mordor es un juego recreado en el universo de El Señor de los Anillos, donde Talion, un explorador de Gondor asesinado por la Mano Negra de Sauron, es resucitado por un espectro para completar su venganza. Consiste básicamente en ir con Talion explorando el mapa de Mordor asesinando orcos y cumpliendo misiones, mientras se va desarrollando una historia.

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El problema que encontré con este juego es que yo era muy novata al momento en que me lo regalaron, y que cada error que uno comete se convierte en una grave consecuencia. Cada vez que un orco te mata, se vuelve más fuerte, por lo que el nivel de dificultad aumenta a medida que uno se equivoca. Llegó un punto en el que el juego se me hizo insoportable porque no me daba la libertad de equivocarme como yo quería, ya que cuando volviera a jugar se me iba a hacer mucho más difícil completar las misiones como consecuencia de mi error anterior.

¿Pero acaso la vida no es así?

Quienes hayan jugado videojuegos saben bien que con la práctica uno le termina sacando la mano a la forma de cumplir con las misiones que se presentan, y muchos juegos actuales tienen la ventaja de "reiniciar en el último punto de guardado" que desligan al jugador de la responsabilidad de perder o equivocarse. A diferencia del Shadows of Mordor, estos juegos siguen igual, hayas perdido una, dos, cientos de veces. La modalidad de juego y la dificultad va a ser la misma, mientras que en este juego en cada misión tenés que pensar muy bien tus acciones antes de cometer un error.

La vida misma. Si en el colegio o en la facultad no estudiabas lo suficiente, podías reprobar o llevarte la materia, mientras que un error en el trabajo puede implicar pérdida de dinero y un error en la pareja o con amigos puede implicar un problema en la relación.

Para mí, en su momento, se me volvió insoportable, y no por la dificultad del juego, sino por la falta de paciencia y lo mucho que me costaba ver tangibles las consecuencias de mis equivocaciones. Muchas veces nos pasa esto a las personas, no abrazamos la experiencia que tenemos al equivocarnos, que son los momentos en los que más aprendemos, por miedo a las consecuencias.

En la vida creo que hay que ser exigente, pero no hay que confundir la exigencia con la presión. Durante mucho tiempo me consideraba exigente conmigo misma, pero en realidad me estaba generando presión porque las cosas salieran sí o sí bien, cuando ser exigente en realidad implica intentar actuar de forma correcta, en lugar de hacer las cosas así nomás y que te de lo mismo el resultado.

Ser exigente es dar siempre lo mejor de uno, mientras que ser responsables es asumir las consecuencias de nuestras acciones, para bien o para mal. Solemos estigmatizar los errores cuando no estamos dispuestos a hacernos cargo de las consecuencias y muchas veces juzgamos también al otro por equivocarse, cuando cometer un error es la reacción más humana de todas las decisiones que una persona puede tomar.

Ojo, hay errores y errores. La negligencia es un caso completamente diferente, sobretodo cuando estamos actuando sobre la vida del otro. En la medicina no puede haber negligencia, en la paternidad no puede haber negligencia, en la administración pública un error puede perjudicar a millones de personas. Allí la responsabilidad no pasa sólo por asumir las consecuencias sino por ser exigentes desde el momento en que actuamos.

A esta altura de la nota le comenté a mi novio que me estaba costando cerrarla y me contestó que "le pregunte a Frodo cómo volver a Mordor", y me quedé pensando en la idea de volver a intentarlo. A diferencia de Frodo y su travesía con el anillo, creo que yo sí podría volver a jugar al Shadows of Mordor, incluso me gustaría ver cómo sería mi experiencia luego de varios años de juego.

El tiempo le da al gamer la práctica y la paciencia necesaria para cumplir con los objetivos. En la vida debería pasar lo mismo. Lo que uno debería hacer para ser exigente en sus acciones es estar atento para no volver a cometer los mismos errores y avanzar, aunque sea a pasos pequeños, pero no castigarse por los errores cometidos, porque vivir bajo presión es un verdadero infierno.

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¿Alguna vez cometiste algún error que te costó perdonar? ¿Qué aprendiste de ese error? Muchas veces preguntarnos qué aprendimos de nuestras equivocaciones nos ayuda a reconciliarnos con nosotros mismos.

Muchas gracias a todos por leerme, ¡nos vemos en la próxima nota!

Goshi.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El plus de compartir

Antes de empezar a explayarme en este extraño y complejo mundo, me quiero presentar: Mi nombre es Agostina, mis amigos me dicen Goshi, tengo 25 años y estoy cursando los últimos años de la Licenciatura en Relaciones Públicas. 

Edad difícil la de los 25. Es una especie de transición entre la adolescencia y la adultez propiamente dicha, comúnmente denominada como adolescencia tardía. Nuestros padres a los 25 quizás ya estaban casados, recibidos, con hijos, tenían su propia casa, y ni hablar de nuestros abuelos. Nosotros en cambio acá estamos, muchos estudiando, muchos viviendo con nuestros padres, algunos en crisis sobre qué hacer de sus vidas, otros completamente encaminados o viajando por el mundo buscando una respuesta a esa pregunta que tan seguido nos hacemos.

Habiendo tantas diferencias entre una generación y otra, sobretodo por el avance de la tecnología, es normal y muy común que haya una barrera comunicacional muy clara. Los códigos que tenemos son distintos, las costumbres que llevamos son completamente diferentes, quizás algunos gustos sean compartidos, pero lo que más cambia de generación a generación son las experiencias vividas. 

Ayer tuve la suerte y el gusto de participar de un evento en el IMAX sobre la próxima película a estrenar perteneciente al Universo Marvel: Doctor Strange. Este evento fue organizado por Disney en conjunto con La Cosa Cine, donde pasaron un adelanto exclusivo de la película a estrenarse el 24 de noviembre luego de una exposición muy rica acerca del personaje, que no es tan popular dentro del rubro. Los adelantos estuvieron increíbles, realmente fue un evento muy agradable y divertido.

Cuando llegué a mi casa, le conté a mi madre sobre el evento, lo que me llevó a contarle acerca del personaje el cual ella desconocía. De esta conversación surgió algo muy curioso. 

Mi madre es creyente y practicante de reiki, práctica muy compleja de explicar en un solo posteo, pero que trabaja básicamente con la energía y los distintos planos (¿les suena conocido el término "plano astral"?). Cuando le conté los poderes de Doctor Strange, que a mi me parecían fascinantes, ella asentía con su cabeza como si se tratara de algo sumamente normal. Y allí me detuve. ¿Cómo podía seguir explicándole sobre los poderes de un superhéroe a alguien que los entendía mucho más que yo? Lo que era una charla explicativa pasó a ser una conversación de igual a igual, de intercambio de experiencias, de la cual aprendí mucho y pude extraer que ese universo no era tan extraño y supraterrenal para mi madre como a mi me parecía.

¿Cuántas veces pensamos que el mundo de los cómics, las películas, los dibujos animados son algo que pertenecen a nuestra generación y que el "adulto" no puede llegar a comprender? Doctor Strange se basa en un cómic escrito en los años 60, una época gloriosa donde la psicodelia empezaba a intervenir todos los campos de la vida común, incluyendo la música y el arte. Yo, que soy de la generación de los 90, apenas puedo llegar a comprender algo de esa época por lo que mis padres y profesores me contaron. Entonces, ¿cuánto más podemos aprender cuando compartimos nuestros conocimientos con el otro que vivió otras épocas, con otras experiencias, vivencias y costumbres? 

A partir de esta charla llegué a la conclusión de que una película, un cómic, un libro, sea escrito o realizado en el año que sea, puede ser una herramienta de conexión intergeneracional donde cada miembro de una generación distinta puede aportar su interpretación, sus conocimientos y experiencias para comprenderlo desde diferentes puntos de vista. El único esfuerzo necesario es compartir, conversar, contarle a tus padres, tus abuelos, tus tíos, futuros hijos sobre tus gustos por más raros que te parezcan. El otro esfuerzo es escuchar, aceptar el punto de vista de la otra persona. Quizás, te podés llegar a sorprender acerca del nivel de aceptación que pueda tener el otro. Quizás no, pero el intento lo vale y te da una percepción más amplia de las cosas.

Esto que descubrí ayer en una charla cotidiana es lo que me llevó a escribirles a ustedes, animarme a arrancar con este blog y compartirles mi punto de vista sobre algo que me apasiona: El complejo e infinito mundo friki.







Muchas gracias por tomarse el tiempo y leer, los espero en mis próximos posteos,

Que tengan un muy buen miércoles!

Goshi.